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Amo el carbón de tus ojos negros,
negros, como el silencio en la noche ,
o como el túnel de lo desconocido,
oscuros, turbadores y llenos de misterio.

Amo el cortejo de tus ojos a los míos
sin reposar ni un instante,
avivando cálidamente, la lumbre
con el fuelle de tu mirada cautivadora.

Amo el dialogo que
nuestros ojos mantienen
tierno, cómplice, turbador,
mientras nuestros labios sonríen en silencio.

Tus ojos, siempre, tus ojos
mi emblema, mi estandarte,
que me señalan como un faro
mi camino de esperanza y de futuro.


Tatiana Krahe.
Madrid, Julio 2002.