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Déjame pintarte el cuadro de tu futuro
con trazos seguros y colores suaves,
tonos verdes de esperanzas,
blancos de ilusión, 
azules de dulzuras
y rojos de pasión.

Déjame inventarte en una casa blanca
al pie de una ladera verde,
con tus cantos dentro de ella
con mis juegos y mis risas
con miradas y silencios,
y montones de caricias.

Déjame soñarte con tus ojos negros,
con tu voz profunda,
con tus manos suaves,
con tu boca de agua,
con tu alma de niño
y estando conmigo.

Tatiana Krahe.
Madrid, Mayo 2002.