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Me sumerjo
en el océano de tu mirada
misterioso, inmenso,
tormentoso y revuelto.

Me sumerjo
en el río de tu boca
que vierte su risa, sobre mis campos,
inundándolos de anhelos.

Me sumerjo
en el lago de todo tú,
profundo, tranquilo,
y en su quietud, misterioso.

Me sumerjo
en ti, como el eco
cuando escapa, con la voz prestada,
por los valles de tu cuerpo.

Tatiana Krahe.
Madrid, Abril 2002.